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El esparto en Águilas

Águilas

Esther Soto Martínez
Jefe de S. Turismo

Aunque Águilas es mar y mar Mediterráneo, no podríamos imaginar su paisaje sin los campos de atochales. El esparto forma parte de la vida aguileña, tanto en el área doméstica como en la laboral. Los numerosos utensilios elaborados con este dúctil material, aparentemente frágil, pero firme y fuerte en realidad, se han encontrado presentes en Águilas desde tiempos ancestrales.

Desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX y, más tarde, desde los años 20 a los años 60 del siglo XX, el esparto fue la primordial actividad económica de esta población, junto siempre con la pesca y la agricultura. El puerto de Águilas fue principal exportador, de España y del Mediterráneo, de este material durante décadas. Se utilizaba para la fabricación de papel, así como en el antiguo Egipto se usaba el papiro y en distintas culturas otros elementos vegetales.

 

¿Cómo salir a pescar sin la cofa de esparto? o ¿cómo coger caracoles sin el cachulero confeccionado concienzudamente con este mismo material? De igual forma las esteras, mabrales, aventadores, escobas, cestos, aguaderas, etc., de uso diario e imprescindible. Todo ello sin olvidar la cordelería realizada por manos de expertos hiladores que trenzaban cuerdas para diversos usos en los barcos, en el campo, para los carros, las mulas, y muchas otras aplicaciones.

 

ÁguilasEs por todo ello que sería imperdonable que no prestáramos la atención adecuada a este humilde y útil material que tanto ha contribuido al desarrollo de Águilas y que sigue formando parte de nuestra historia. El esparto es una herencia que está plenamente integrada en nuestro patrimonio cultural. Debemos mirar esta planta con agradecimiento e intentar por todos los medios que no desaparezca la artesanía ligada a ella. Ahora que vivimos en el mundo de las fibras artificiales, y que nos enfrentamos a una etapa económica muy difícil, quizá deberíamos volver la vista e imitar en parte ciertas actividades llevadas a cabo por los que nos precedieron, utilizando este material vegetal, natural, “biodegradable”, “no contaminante”, duradero y bastante más barato que los que manejamos en la actualidad.

 

El arduo trabajo realizado por Juan Hernández Calvo, no solo a nivel fotográfico (ya que ha recogido cientos de imágenes sobre el esparto y su manufactura), sino por su colaboración con los artesanos que ha contribuido al reconocimiento de esta antigua profesión, y sus numerosas actuaciones a favor de la conservación de esta artesanía, es sin lugar a dudas encomiable.

 

Como colofón a su constancia y contribución en este campo, Juan Hernández abre al mundo una web donde informa con textos exactos y muestra con magníficas imágenes el “mundo del esparto”.

 

Como aguileña me siento satisfecha y agradecida a Juan por este trabajo extraordinario que nos ha regalado y en el que persiste generosamente, en aras del enriquecimiento del patrimonio cultural de Águilas.