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EL ESPARTO Y SU HISTORIA

Personaje ancestral del carnaval de Águilas(Laura Cegarra García)DONDE APARECE: El esparto crece en las regiones más áridas y secas, desde el nivel del mar hasta los 1800 metros. En España es rara encontrarla a más de los 800 metros, variando mucho su calidad con la altitud.

Es una planta esteparia que ocupaba en España una superficie de más de 6.000 kilómetros cuadrados, correspondiendo a las seudoestepas litoral y central y algo a la ibérica. Dentro de las estepas prefiere los terrenos llamados rubiales, constituidos por margas ferruginosas rojas o amarillas.

Su área geográfica en la Península está comprendida en las provincias de Almería, Alicante, Albacete, Castellón, Córdoba, Cuenca, Ciudad Real, Granada, Guadalajara, Huesca, Jaén, Lérida, Madrid, Murcia, Málaga, Teruel, Toledo, Valencia y Zaragoza.



Fuera de España, los espartizales más importantes son los de Argelia y Orán, el Mar de Oranés ocupa una extensión de 68.000 kilómetros cuadrados.

DESDE CUANDO SE TIENE HISTORIA: El primer libro que trató con profundidad un aspecto técnico del esparto fue el “Tratado instructivo y práctico sobre el arte de la tintura”, publicado por Blas Román en 17778. Su autor fue Luis Fernández, maestro tintorero de Toledo, director de la Real Academia Madrileña de los cinco Gremios Mayores y Visitador de los Tintes de Valencia, tratando sobre en varios capítulos del libro sobre la tintura del esparto.

Otro  autor español que se ocupó del esparto fue Cavanilles (1795 y 1797) en su obra “Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, etc.”, donde recoge también datos sobre el laboreo y la industrialización de la planta.


En la industria del esparto sólo se utiliza la hoja, por su alto contenido en celulosa, entre un 42 y un 55%, suministrando fibras finas, regulares y sedosas de 1,5 milímetros de longitud y 0,12 a 0,13 milímetros de diámetro, terminadas en puntas redondeadas.


IMPORTANCIA ECONOMICA: La industria y el mercado del esparto sostenía una población obrera entre las que se encontraban no sólo familias enteras, sino también a personas que por su edad y condiciones físicas ya no podían ser utilizadas en otros trabajos, era frecuente ver la estampa de un impedido, una anciana e incluso un ciego, con los espartos en la boca haciendo pleitas.


En las fincas mejor tratadas los cuidados se reducen en limpiar el atochar, cada cinco años, de otras plantas que hayan podido invadirlo, tales como romeros, tomillos y cardos. También se practica en los atochares la operación llamada “peinado” o “quitar el viejo”, arrancando el atochón antes de que éste madure mediante unos garfios de hierro. Complemento de esta operación es la de extirpar las raíces viejas y enfermas, que acabarían por pudrirse y daría fin de la atocha después de producir unas cuantas cosechas malas.


Mucho se ha discutido, y aun se discute, sobre la fecha y forma de la recolección del esparto. Hay opiniones que apoyan una sola cogida, otros se inclinan, las menos, en dos cogidas y aún más según se vayan formando las diferentes clases de hojas. Tradicionalmente e realiza una sola cogida, con preferencia en los meses comprendidos entre septiembre y enero en las regiones del litoral, y en agosto a noviembre para los del interior. La recolección en época anterior, es decir, en primavera, puede provocar pérdidas de savia muy considerables para la planta, ya que no estando suficientemente desarrollada la articulación o uña, puede producirse fácilmente desgarraduras en el arranque.


Hay propietarios que prefiere el arranque en verano, justificando esta práctica en que estando la hoja recientemente desarrollada, es más apta para la confección de los capachos aceiteros llamados recios, aunque en este caso la producción es notablemente inferior, suponiendo de un 15 al 20% de cuando la recolección se hace en otoño.


En todos los casos, lo que sí parece estar confirmado es que la operación de arranque debe efectuarse en tiempo seco, cuando el terreno no esté muy reblandecido por las lluvias ni tampoco excesivamente seco, pues en ambos casos se corre el peligro de arrancar el chucho o todo el raigón, razón por la cual, y como medida preventiva, el obrero arrancador suele poner el pie sobre la mata para evitar este riesgo.


La operación de arranque se hace con la ayuda de un sencillo instrumento llamado “arrancadora”, “cogedora”, “agarradera”, que consiste en un trozo de hierro o palo cilíndrico de unos 20 centímetros de longitud y uno de diámetro aproximadamente; uno de sus extremos está terminado en forma de cabeza de clavo, en el otro extremo lleva un trozo de cuerda o trenza de esparto para atárselo a la muñeca.


Todavía no hace muchos años, este instrumento era de madera, y en algunas regiones persiste, aunque se va sustituyendo por el metálico por su mayor resistencia. Para la operación de arranque, sujeta la arrancadera a la muñeca izquierda del obrero con la cuerda o trenza, se coge con la derecha el esparto que se propone arrancar, se apoya el pie en la mata y arrollando este manojo a la arrancadera, se tira con las manos un poco oblicuamente, sin tener que hacer un esfuerzo violento, que por otra parte haría posible arrancar parte del raigón.


Esta operación se va repitiendo en cada mata y cuando el manojo alcanza cinco centímetros de diámetro, lo deja en el suelo. Cada tres manojos forma una “manada” y cada 12 “un haz”. Cada tres haces constituye la carga, que viene a pesar unos 12 kilogramos después de seco el esparto.


LEGISLACIÓN: Para conseguir una mejora en la recolección y una protección de los espartizales, se legisló en época temprana por el Estado. Publicándose desde mediados del siglo XIX una gran cantidad de disposiciones, Reales Ordenes, Reales Decretos, etc. etc. para impedir que la voracidad del hombre llegue a convertir a la más feraz región en un lugar de desolación.


Ejemplos notables fueron las Reales Ordenes de 26 de mayo de 1864 y 6 de julio de 1887, fijando los plazos permisivos de arranque e impidiéndolo fuera de dichos plazos.


Estas medidas se tomaron al considerar al esparto como un producto forestal de importancia económica. Reflejándose en un primer momento en el Real Decreto de 18 de mayo de 1865 en el que se especifican los planes de aprovechamiento de los productos forestales más importantes, tales como frutos, corcho, madera, etc. etc. Esta importancia económica quedó reflejada de forma expresa en la Real Orden de 6 de julio de 1887 al valorarlo de la siguiente forma: “Considerando que las múltiples aplicaciones del esparto han acrecentado extraordinariamente su valor y que, dado el desarrollo de las industrias, es de esperar que alcance en los sucesivo aún mayor precio”.


Esta regulación estuvo haciéndose hasta entrados el siglo XX, donde el 12 de enero de 1920 el Ministerio de Abastecimiento se dicta una Real Orden nombrando un Comité especial encargado de regular el abastecimiento de esparto en el mercado interior, fijando los precios, e intervenir en la exportación, informando sobre las posibles cantidades a exportar.


A partir de aquí sufre un declive el esparto como materia prima, tanto en la industria de la cordelería, como en la papelera, debiéndose importar para la fabricación de papel casi la totalidad de la materia prima. Es por ello que se intenta revalorizar el esparto y se dicta el Decreto de 28 de abril de 1933 creando la estación experimental de Hellín.


Pero ya nada fue igual para esta planta que tanto ha dado no solo a la economía, sino también a la cultura, toponimia, etc. etc..


Si hay un pueblo que se identifica en su nacimiento como municipio y en su evolución económica-demográfica en nuestra región, sin lugar a dudas es Águilas.


Con la entrada del siglo XVIII, después de una época de cierto abandono del litoral lorquino, con el establecimiento del Departamento Marítimo de Cartagena aumenta la seguridad de la costa apareciendo una población estable y cortijos.


Águilas se convierte en una zona productora de esparto y barrilla, exportándolos a franceses e ingleses, incluso a Asia y África, a cambio se importaban maderas, hierro, lino, etc. etc. convirtiéndose de este modo Águilas en el centro de distribución de los productos del reino de Murcia, Jaén y Granada.


Es en 1785, con el nombramiento de un Alcalde Mayor, cuando se inicia el período de segregación municipal, ya que a partir de ahora es una autoridad civil quien detenta la mayor autoridad, por lo tanto lo que era un “sitio” pasa a convertirse en un “pueblo”. Pero el éxito del proyecto segregacionista dependía de la capacidad de la gestión tributaria, es decir, cubrir las necesidades financieras imprescindibles; y en la repoblación demográfica. Ambos parámetros estaban ligados íntimamente a la economía del municipio.

Esta economía se fundamentaba en la actividad portuaria y en el proceso de industrialización del esparto, que con el tiempo sería una de las actividades principales de Águilas.

A comienzos del siglo XIX el comercio de la barrilla empieza a decaer por la progresiva utilización de procesos químicos para la obtención de la sosa. Y a mediados de siglo su comercio se arruina. Desapareciendo uno de los soportes de la economía aguileña, y sufriendo un estancamiento demográfico.


Desde la década de 1840 hasta 1920 hay un incremento importante en la población gracias a la minería, y paralela a ella la actividad portuaria y el ferrocarril, quedando el esparto relegado, económicamente, a un segundo plano.


Desaparecida la minería y, consecuentemente la actividad portuaria que conllevaba, el esparto surge como fuente de la economía aguileña desde la década de 1930 hasta la década de 1960, pero ya es más bien de subsistencia y no de desarrollo, por lo que hay un estancamiento demográfico.


En la década de 1960 comienza la agricultura de regadío y bajo invernadero, siendo la que monopoliza la economía aguileña, incrementándose notablemente la demografía, pero desapareciendo definitivamente el esparto como factor clave en la economía, quedando como vestigios de los mismos grandes artesanos del esparto.


JUAN HERNÁNDEZ CALVO
Fuente: Servicio Nacional del esparto